Hoy me desperté
y vos no estabas ahí. Mire bien el costado de mi cama y estaba así, como si no
hubiera dormido nadie a mi lado. “¡Se fue!” pensé y en voz alta te llamaba
desde la cama esperando una respuesta…
Pero no contestabas. En mi mente los pensamientos querían sacar conclusiones,
imaginaban lo sucedido. Hasta la sutileza de volver a armar la cama para
demostrar que nunca habías estado ahí. En un momento casi entro en
desesperación, “¿habré perdido el amor??”
Repasaba
una y otra ves los acontecimientos sucedidos con anterioridad. La noche, el día,
la semana, el mes, el años, los años, los 7 años que fue cuando por primera ves
entraste por mis ojos. Encontraba un sin fin de errores pero comprendías mi
ignorancia y los emparchabamos juntos.
Seguía en
la cama, tirado cubriéndome del fresco de la madrugada primaveral con una
mullida manta marrón, acariciando mi cara con la almohada, tratando de
encontrar una explicación lógica a tu desaparición, no la podía encontrar: ni a
la razón ni a vos. La razón se desvanecía en mis pensamientos transformándose
en nostalgias y vos, tu imagen, la figura de tu cara, el sonido de tu voz tus
tratos tus formas de poner las manos, tus gestos, tu aroma… Se encerraban en mi
pecho, no se desvanecían, no se iban, se quedaban ahí.
Era como el
sueño que una ves había tenido antes de despertar, donde vos me despertabas con
unas suaves caricias en mi espalda y al instante, en la vereda de casa yo me
alejaba diciéndote que no estaba preparado todavía..
Y con los
ojos cerrados seguía en mis pensamientos era como soñar. Lo que hay ahí en el corazón
es amor. Lo que siento en el pecho es el alma. Y mi mente como siempre, juega
con los dos. ¿Será esta la razón de mi existencia? Este tipo de pensamientos tenía.
Vos nunca habías estado ahí. Tu cuerpo jamás se materializaría si el alma y la mente, no estaban unidas.
Comprendí
que estaba dentro de un sueño y dormido sonreí. Me podía ver de lejos, dormido
en mi cama y en mis pensamientos. Por supuesto que el indicio de desesperación fue
borrado con la sonrisa. Y evidentemente ya estaba preparado para despertar
luego de esas caricias en mi espalda con un beso tuyo…
Abrí los
ojos y había luz de sol en el silencio de mi habitación, a lo lejos se
escuchaban golondrinas, la mullida manta marrón cubría mi cuerpo preservando mi
calor de este frío matinal. Quede ahí, calentito, en la reflexión de lo onírico.
Mi mañana habitual con mate y tostada, luego de un rato mí licuado energético. Ordeno
un poco, me preparo y salgo. Mientras caminaba por la vereda a tomar el tren
pensaba en las nostalgias, la existencia y el olvido (me quede pensando que una
ves me dijeron que es sano olvidar) “ ¿que seria de mi si olvido?” pensaba al
paso y moviendo la cabeza como hablando conmigo mismo..
Cuando de
repente ahí estabas vos, mirándome como nerviosa, casi cerca y casi lejos…
caminando entre los dos, las palpitaciones se aceleraban y resonaban en el
universo. En los ojos nos miramos, sonreímos y comprendimos todo…
