miércoles, 26 de septiembre de 2012


Hoy me desperté y vos no estabas ahí. Mire bien el costado de mi cama y estaba así, como si no hubiera dormido nadie a mi lado. “¡Se fue!” pensé y en voz alta te llamaba desde la cama esperando  una respuesta… Pero no contestabas. En mi mente los pensamientos querían sacar conclusiones, imaginaban lo sucedido. Hasta la sutileza de volver a armar la cama para demostrar que nunca habías estado ahí. En un momento casi entro en desesperación, “¿habré perdido el amor??”

Repasaba una y otra ves los acontecimientos sucedidos con anterioridad. La noche, el día, la semana, el mes, el años, los años, los 7 años que fue cuando por primera ves entraste por mis ojos. Encontraba un sin fin de errores pero comprendías mi ignorancia y los emparchabamos juntos.

Seguía en la cama, tirado cubriéndome del fresco de la madrugada primaveral con una mullida manta marrón, acariciando mi cara con la almohada, tratando de encontrar una explicación lógica a tu desaparición, no la podía encontrar: ni a la razón ni a vos. La razón se desvanecía en mis pensamientos transformándose en nostalgias y vos, tu imagen, la figura de tu cara, el sonido de tu voz tus tratos tus formas de poner las manos, tus gestos, tu aroma… Se encerraban en mi pecho, no se desvanecían, no se iban, se quedaban ahí.

Era como el sueño que una ves había tenido antes de despertar, donde vos me despertabas con unas suaves caricias en mi espalda y al instante, en la vereda de casa yo me alejaba diciéndote que no estaba preparado todavía..

Y con los ojos cerrados seguía en mis pensamientos era como soñar. Lo que hay ahí en el corazón es amor. Lo que siento en el pecho es el alma. Y mi mente como siempre, juega con los dos. ¿Será esta la razón de mi existencia? Este tipo de pensamientos tenía. Vos nunca habías estado ahí. Tu cuerpo jamás se materializaría  si el alma y la mente, no estaban unidas.

Comprendí que estaba dentro de un sueño y dormido sonreí. Me podía ver de lejos, dormido en mi cama y en mis pensamientos. Por supuesto que el indicio de desesperación fue borrado con la sonrisa. Y evidentemente ya estaba preparado para despertar luego de esas caricias en mi espalda con un beso tuyo…

Abrí los ojos y había luz de sol en el silencio de mi habitación, a lo lejos se escuchaban golondrinas, la mullida manta marrón cubría mi cuerpo preservando mi calor de este frío matinal. Quede ahí, calentito, en la reflexión de lo onírico. Mi mañana habitual con mate y tostada, luego de un rato mí licuado energético. Ordeno un poco, me preparo y salgo. Mientras caminaba por la vereda a tomar el tren pensaba en las nostalgias, la existencia y el olvido (me quede pensando que una ves me dijeron que es sano olvidar) “ ¿que seria de mi si olvido?” pensaba al paso y moviendo la cabeza como hablando conmigo mismo..

Cuando de repente ahí estabas vos, mirándome como nerviosa, casi cerca y casi lejos… caminando entre los dos, las palpitaciones se aceleraban y resonaban en el universo. En los ojos nos miramos, sonreímos y comprendimos todo…